viernes, 21 de junio de 2019

Otoño

¿A dónde vamos a ir cuando se termine el universo
cuando nuestro cuerpo ya no se conecte
cuando el mundo quepa entre el índice y el pulgar?
¿A dónde quedaremos al final de todo?
Se termina el mundo en el bostezo
y ya no sé qué hacer con el alma
que se me escapa del cuerpo
se va en un suspiro
y la hoja se desprende y cae
cae
y gira al suelo
libre del alma
del cuerpo
de todo. Espera
en otra estación volver
a nacer y yo que
me pregunto
¿Qué viene después de
conocer todas tus sonrisas
de haber recorrido tus lunares
contado tus cicatrices?
¿Qué sucede después de la sacudida
de llegar a lo más alto
y lo inevitable de la caída?
¿Qué hay después?
¿A dónde vamos a ir cuándo
el alma se escape del cuerpo
y ya no nos quede nada?
¿A dónde vamos a ir, mi amor
cuándo el universo nos quede pequeño
y termine al despertar?


V. Weiss

miércoles, 29 de mayo de 2019

Ocho orejas escondidas (5)





Capitulo 5: Maude Casares 

Había un trasfondo siniestro en la historia de Maude Casares, esa nenita medio rara que deambulaba por el patio de la primaria del Cornelio Saavedra sin mezclarse mucho con sus compañeritos, los creía unos imbéciles. Se había mezclado con el arte desde muy chica. 

A los nueve años, iluminada por el sol de invierno, dividiéndose entre el lienzo y la parte pesada de She´s so heavy de Los Beatles, trazaba en carbonilla estelas surrealistas de niña prodigio, desde los cuatro lo hacía. Se plantaba frente al lienzo como despechada, furiosa; era tan gracioso verla… Y le daba de latigazos y alma a la tela. Porque la pequeña Maude había entendido esos sentidos básicos del ser humano necesarios para odiar, para no morir de hambre, y para ir y volver de la escuela sin perderse. 

Solían amarla y odiarla intermitentemente, el mundo era así de insuficiente con ella, que según la temporada, inferían los grandes, era una chica genio, o se había vuelto loca. Algunos porque no entendían su visión tan explícita, y otros porque no lo aceptaban. A veces le sorprendía que las mismas personas hagan críticas opuestas en distintas exposiciones sobre la misma obra, era gracioso también. Subestimando lo residual. 

En la música estaba todo eso que no sabía decir; en la que escuchaba, en la que tarareaba, en la que salía de los instrumentos que esperaban tirados en la alfombra sin ninguna prisa. La pintura permitía un mundo mucho más interesante que el que le había tocado vivir. Sin embargo, era en los libros donde flotaba una libertad extrema que la soltaba al vacío de la catarata de las desgracias que leía. Como una flecha que desciende entre las gotas del flujo asqueroso que emanan las personas que no ven, esperaba así, con el corazón en la garganta, el impacto de la caída, el golpe contra el suelo. Se zambullía entre el agua y las piedras y revivía. Salía victoriosa y provocadora, más fuerte. Mientras recibía a los dieciséis años su primer premio por un óleo en un concurso nacional, en el momento que un hombre sorprendentemente parecido a George Cowley le colgaba la medalla de oro, ella meditaba sobre los lazos inexplicables con eso desconocido que la construía tan dura, en este plano de la vida. 

Maude había sido un error desde su concepción, para el común de las personas que visitaban la casa o la veían en clase, parecía idiota. Leía Paulo Cohelo y Jorge Bucay, uno hacía que se deprima y el otro hacía como que la curaba, regalos de la vida moderna pensó, mientras cerraba luego el libro de Jorge diciendo qué manera más estúpida de perder el tiempo. Pero no lo pensó por Jorgito, hablaba de un tip que le había dado en su libro para ser un poco más feliz 

Había nacido por error y siguió viviendo por lo mismo, estaba convencida de eso. 

A sus dieciséis años Violeta entró por primera vez a un local de militancia comunista. Ahí en Bartolomé Mitre y Uriburu, al lado del bar de Barros y de la casa de Urtubi. Tenía a Marx clavado en el culo, y creía realmente en las revoluciones, claro, aún no sabía ni siquiera quién era. Aún no sabía que terminaría siendo una desertora peronista. Y que si no la mataba la milicia lo haría el mismísimo Marx. Había llegado allí para dar clases de pintura en eso que era una especie de centro cultural barrial, pero que con el tiempo descubrió, era un centro de militancia política. Pablo Santos fue uno de los primeros dirigentes juveniles del sur, Temperley y Banfield eran suyos. Ella lo creía un revolucionario, incluso muchos lo creyeron, pero no, él solo hacía negocios políticos. Quería poder y trabajó para conseguirlo, olvidando, el cara de verga, la decencia y los valores. 

En la fiesta de egresados 1974 del Normal de Banfield, allá en la calle Manuel Castro, Violeta Barón y Pablo Santos se escondieron bajo las escaleras de mármol e hicieron el amor, su noviecito de toda la secundaria, la tiró en el suelo y en la oscuridad absoluta le hizo un pibe. 

Cuando Violeta la mostró a su abuelo, le dijo: Mirá, acá tenés a Maude, tu nietita. Le puse así por Maud Mannoni. 

-¡Es preciosa!- Y así la vio por siempre. Maude no había sufrido pena alguna, tanta mentira descarada de sus abuelos le borró todo recuerdo de antes del asesinato. Pareciera que a veces el cerebro funciona como un fusible, que por ahí no se corta, pero se calienta y se resiente, hasta que por fin explota, y deja de funcionar. Resetea, subestimando lo residual. 

Esta mañana, en el cruce de las calles Anchoris y New York, del Barrio San José, en Temperley, tuvo lugar un trágico accidente, que dejó el saldo de dos personas muertas, Una joven de veinte años y su hijita de uno. Vecinos del lugar, que desafortunadamente presenciaron el hecho, relataron: Dobló coleando el Chevrolet 400 y atropelló a La Violeta, que despidió a La Mudita, que voló unos metros y se murió ahí en la vereda. Hijos de P...! Frenaron, uno bajó a ver que estén muertas y se subió al auto y se rajaron… Relató Don Eusebio al borde de un ataque de nervios. Hasta hoy no se ha presentado la policía para ningún tipo de procedimiento. Los restos serán velados en la casa de velatorios Cerrito. 

Lo cierto es que todo había sido una puesta en escena. Hicieron la denuncia sabiendo que no les darían ninguna importancia, y que no vendrían. Sabían quiénes eran los asesinos, entonces el médico de cabecera de toda la vida de la familia Barón fue quien firmó el parte de fallecimiento de dos personas, el periodista publicaría la nota en el diario local, y se velarían los dos cuerpos a cajón cerrado. Un grupo de familias complotadas para, vaya paradoja, desaparecer una persona. Así de gambas eran en esa época. 

Y era cierto, “Moncho” había bajado a certificar el perecimiento de Violeta, y lo sorprendió ese angelito inerte, y así fue el parte luego a Vargas. 

Así había crecido, sin saber, sin sospechar que su madre había sido asesinada, y no muerta en un accidente, como todo San José había convenido en mentirle. 

Por error atendió, por error de Julia, la Bela, al cartero que traía otra carta más para ella, de un periodista o algo así. 

-¿Qué es esto Bela? Acá dice que es la tercera que me manda… ¿Qué es esto Belo?...-Augusto bajó la vista. Ella los miró desencajada, todo caía frente a sí, la verdad la cagaba a cachetazos, y veía a esa mujer que había armado con pequeñísimos recuerdos, y que era una especie de talismán al que se aferraba cuando necesitaba escapar de la mentira. Lo más grotesco de la escena, era ver a esos viejitos vencidos, Maude reprimía su enojo callando, que se le chorreaba una bronca por la jeta ¿Qué les iba a decir? Estaban muy grandes, qué sentido tendría. 

Había como ciertos niveles de relevancia entre los elementos. El elemento “sociedad” no la entusiasmaba en lo más mínimo, detestaba respetuosamente a la mayoría de las personas. No tenía la necesidad de fingir nada. Con esto entendía algunas cosas que no tenían explicación, pero que tampoco buscaba, no le interesaba ahondar en cuestiones ajenas. Odiaba a los políticos, donde entraban también los activistas de cualquier índole. Como sus padres, así que ahora también los odiaba a ellos. Sentía una repulsión absoluta por quienes creían tener una verdad entre manos, esos que creían que tenían alguna solución, aquellos que convencían a otros para que los acompañen en una lucha donde no ganaría nadie, eran para ella simplemente basura. 

Y enterándose de su madre se entendió un tanto anarco, y por su padre, su forma de encantar a las personas para hacer lo que ella quisiese. Ella que no tenía interés por descubrir más que lo que caminaba, se encontraba en el peor de los mundos. Una realidad que no sospechaba, ni admitía, ni aceptaba como suya. 

El hombre, que con su insistencia llegó a la puerta de la calle Anchoris no era más que un fanático ignorante sin rumbo. Le hablaba de la verdad como si existiera, lo veía como veía a los evangelistas; un pobre tipo hinchando las pelotas por el mundo llevando una bandera que no le pertenecía. La verdad no es de todos, no tenía derecho ese estúpido a meterse con la intimidad de las personas. Sin embargo, su búsqueda de una historia real, no era más que la obsesión de encontrarle un sentido a su vida, sólo personas vacías podían buscar beneficio entre tanta mierda, aplastando a quién sea sin importarle. Y pensando en eso, de pronto le dijo al espejo, con la boca rebalsada de dentífrico: 

-Pero como todo lo que sucede en nuestro país, aunque se repita una y otra vez, aleatoriamente en la historia, nada deja una enseñanza, siempre hay alguien trabajando para que eso no suceda ¿No? Otro para que suceda, y así… Esos dos nunca se encontraron.- Y volvió a sus pensamientos… Porque no se veían entre sí… Lo escondía a uno del otro esa bandera pelotuda...- Mientras escupía el agua del enjuague, decidió negarse, escupir en la cara de los defensores de sus propios egos, ya habían desaparecido las discusiones, solo se levantaba un poco más la voz hasta que el otro se cansase y se fuese. Y ella no era parte de nada de eso. No le interesaban los desparecidos, ni sus padres ni nada que la aleje de sus intenciones en la vida, que eran completamente al azar. 

No tenía la necesidad de coincidir con nadie en su manera de ver la libertad, sabía, que la libertad perdía sentido cuando se la comprendía de algún modo, carecer de esos conceptos, andar libre por ahí, era, sin condiciones, lo único que necesitaba.

martes, 19 de febrero de 2019

Fémina



Fui la manzana prohibida, la dulce tentación del Edén. Desprendiéndome de su costilla, lo hice sentir completo. Le di sentido a su ser.

Fui Afrodita la diosa del amor, madre de Eros. En las sabanas dominé el arte de la seducción.

Me llamaron Helena, la más deseada. Cleopatra, la reina más temida.

Fui aquella hereje, tildada de loca, sacrifica. Juana, la maldita suicida.

Una soñadora inquebrantable como Austen."Fui un desprendimiento de energía - dijo Marie Curie- una luz tenue radioactiva".

Bajo un Blues Cósmico, Joplin pensó ser aquella Lucy en el cielo con diamantes ... no fue más que una psicodelia delirante.

Rebelde, desafiante. Canté "I love Rock an Roll" con voz estridente.

Me elevé. Sí, dancé entre las nubes y plegué mis alas, alcancé ese manto celestial al cual Amelia consiguió llegar.

Fui vulnerable. Sometida. Esclava. Guerrera. No cabe duda, recuerdo la lucha permanente. La voz de aquella dulce Evita vociferando contra la injusticia ante la multitud; reivindicando ese rol que me corresponde , que por machismo relegan o censuran.

Me difamaron, me etiquetaron, me gritaron: - ¡Puta!
Aquella noche amanecida al volver a la casa del zaguán; después de que renté mi cuerpo por un poco de amor, más no te olvides que soy un ser de deseos,
anhelos
   fatigas
        gastados recuerdos...
soy
        madre,  
hermana,
             amiga,
                    hija;
                                             Soy mujer.



                                                                                                                              Lucia Galluccio

miércoles, 17 de octubre de 2018

2 de Octubre


Y tú, ¿qué sientes al correr?
Ángel del cielo con alas rotas
dejas rastros
 huella a huella
zancada a zancada
como  un gota a gota.

 Y tú, ¿qué sientes al correr?
Danzando al compás de rutina quebrada
con auriculares puestos
  te vas dando cuenta
      la canción que pasó  a ser,  
a partir de una nota.
Y tú, ¿qué sientes al correr?
Transformando la celeridad en un poema,
los colores en gama abrillantada
 de sintonías musicales.
Y  la velocidad de la luz,
vibraciones 
    acribillando tus músculos
Y canales bifurcados, tus venas.                    
Y tú, ¿qué sientes al correr?
Rehuyendo
la desgracia entre tinieblas
Soplo en el cuello,
escudos queratinosos
de piel mudada.
Y tú, ¿qué sientes al correr?
Tus pulmones revientan
Tu sexo palpita
Tus muslos se contraen
Tus ansias des limitan.
Ante la muerte que acecha,
Allí vas tú, loco, impasible…
paseando frente a ella, 
le das buenos días,
y cordialmente le recibes.

Ahora nada te frena
No desaceleras
Ni redimes.
Luciérnaga solitaria y pasajera
Que el cáncer mata
y lo concibe.
Pececito en jarrón encapsulado,
que ahora en pecera cristalina vive
contento tocando fondo
Anhelando el arrecife.

Y tú, ¿qué sientes al correr?
A los trotes en recta línea
le arremeten veinte espasmos.
Las lágrimas violentamente retenidas.
Exhala el frio aire
oprimido en el pecho.
       Ya no sabe que le conviene,
de tanto pensar sumergido
una cosa se había olvidado:
que será pez de rio.
Fluirá a corriente de agua
          hacia mares abiertos.
Luciérnaga solitaria
que se apaga poco a poco
el cáncer le mata
y  a la quimio se resiste…
 No quiere desfallecer entre paredes,
 ni atisbando  de caras tristes.

Salió a correr una madrugada
Cuando era la hora pico.
Estimó los colores del cielo
y se vio a si mismo, vivo.

La muerte no es final de camino
Sino lo que da sentido a al a existencia
Y tú,¿qué sientes al correr? Pues Yo,
siento que floto.



                                                                                   
                                                                                                                    Lucía Galluccio

jueves, 27 de septiembre de 2018

Han pasado miles de lunas



    ¿No soy acaso la misma

                                                                                                                   pálida

                                                                                                           efervescente

                                                                                                               presencia

                                                                                                                        que se dilata,

                                                                                                    E   x  P  a  N d   E
                                                                                                                                           Y
                                   CONvERgE

CUANDO tú ME NOTAS

siquiera,

                                                   en un vano eclipsar?


Lucia Galluccio

Niña Gitana


'¡Ay!' No se me revele morena.
'¡Ay!'  No afile perlas, mi dulce niña gitana.
He jurado creerle trigueña
He silenciado habladurías.
He desdeñado calumnias de viles injuriosos.
Ahora mi corazón, es el que  habla:
“ Y  caí a sus vísceras
mullendo en su falda,
apretando sus carnes
saciando mis ganas”.
Al canto de un gallo
Envueltos en un mísero desahogo
 los amantes desvestían dos almas,
  felizmente disfrazadas.

'¡Ay!' No se me revele morena.
'¡Ay!'  No afile perlas,
mi dulce niña gitana.
Más que solo éste acontecer
desgarra enterita mi alma:
‘A mala racha he de enterarme
 que no era amor del bueno,
 solo diversión sana’.  
Ahora mi corazón, es quien calla.



Y al paso de unos cuantos anocheceres
bajo manto sórdido de la noche poco clara,
mi alma canta entristecida.
Le apena la nostalgia
al soñar con sus largos y alborotados cabellos
 o encontrar en sus  pupilas negras
refulgentes llamas.  

'¡Ay!' No se me revele morena
que quererte más no puedo;
Es un santo pecado retener el fuego
que consume mi halo de hiel.




Lucia Galluccio

lunes, 24 de septiembre de 2018

A la Musa de mis entrañas

Querida Lisi:


Ni la amante de Quevedo, ni la agonía de Petrarca por Laura.
Ni el deseo de Juana de Asbaje, ni las lisonjas de esta fiel servidora.
María Luisa,  a usted le imploro, condesa de  Paredes.
No es que mi indulto sea por decoro.  Ni mi llanto tan perenne.
Mi  diáfana intención es la búsqueda de vanagloriar  su figura
y llevarla hasta lo más alto de la noria;  que no hay gloria en donde more
mujer más tentadora;  que despierte  carne y mundo, empero,
 cuando su rostro asoma.



María Luisa,  son sus labios dulces rosas,
deshojadas margaritas.
 Y son sus ojos cristalinos,
pequeñas piedras esterlinas.
Ni el Santo Padre, ni el Santo Oficio, ni los reyes de la Nueva España
volverían mis palabras un edicto,
o gozosas
         de revelación santa.





Sin importunarla,  confesar debo, restar constancias de sus primores
y secretos palaciego;
que por carencia de vocación de literata y de finura cortesía
ni siquiera me atrevo a retratar su figura,
ni cautivarme pretendo de tal afrodisíaca beldad.






                                                                                                         Lucia Galluccio

Querida Señora Nicolson




Lo primero que vio al entrar en su casa, a las afueras de la ciudad, fue un inhabitual desorden, hacía veinte años que vivía allí, y nunca había visto algo fuera de lugar. Preocupado y más asustado de lo que nunca admitiría, tomó un paraguas, ubicado en un jarrón cerca de la puerta, lo sostuvo preparado para atacar y prosiguió caminando. Cuando entró a la cocina, notó que estaba como siempre, soltó un suspiro, “menos que limpiar” fue lo primero que se le cruzo por la cabeza. Subió por las escaleras, estaba muy nervioso, su respiración comenzó a agitarse, sus manos sudorosas agarraron con más fuerza aquél paraguas amarillo perteneciente a su madre, al subir el último peldaño vio un elefante gris tirado en medio del pasillo. Levantó una ceja, tragó en seco y en cuanto su cerebro terminó de analizar todo, su quijada cayó, el peluche no estaba tan gris como siempre, se notaban pequeñas manchas. Corrió lo más rápido que sus delgadas y cortas piernas le permitieron, corrió hacia la última habitación, aquella que pertenecía a su hermano pequeño, quedó parado frente a la puerta, con miedo, no quería ver lo que estaba al otro lado, tomó valor, respiró hondo y abrió la puerta. Desde el umbral vio la peor escena de toda su vida, un par de rodillas tronaron contra el suelo y de sus ojos, que no podían dejar de ver a Beni, o lo que quedaba de él, comenzaron a salir gruesas y pesadas lágrimas.

Una señora, orgullosa de sus setenta y tres años de vida, estaba cocinando, cuando escuchó a lo lejos un grito lleno de dolor y desesperación, levantó la vista con una amplia sonrisa en su rostro, disfrutando de aquél sonido, luego de unos segundos, se dispuso a terminar de sacar los ojos de la pequeña cabeza que yacía sobre la enorme mesada de mármol.


Evolet Pitt


Junto al mar del Norte


Se me asfixia el alma al saber que nunca vas a mirarme,
que nunca vas a sonreír
 cuando escuchas de mí.
Se me parte el aire cuando palpo tu indiferencia
y cuando el recuerdo de tus besos viene a golpear mis labios.
¡Oh, Mujer hermosa!
 Mujer realizada, mujer como ninguna,
 de cabellera escarlata y mejillas muertas
¿Qué malvado hechizo pusiste en mí?
 Cómo hiciste para que tu nombre quede marcado en mis entrañas
 con la misma tinta indeleble
 que se esparce por tu blanquecino cuerpo.
Dime mujer de mujeres y también de hombres,
 cómo acabar con la tortura,
cómo frenar mis ganas de envolverte
 entre mis entumecidos brazos
 cuando tu aroma se hace presente.
Dime, mujer de una noche,
 cómo suicidar este amor que crece mansamente
 por tus ojos de turmalina negra.
Tú que te volviste patria mía,
 que tu voz se convirtió en mi himno,
 y tus luces deslucidas y manchadas
se convirtieron en mi bandera flamante.
¡Oh, mujer de grandes lunas!
 Con mis rodillas ya gastadas te lo suplico,
 dime cómo hacer para abrazar mis ganas de tocarte.

                                             
                                            Evolet Pitt 


Calesita al revés


Calesita al revés

Acostado en el fino colchón de su habitación, con sus piernas juntas y brazos estirados a los costados, acariciando la acarosa alfombra verde musgo que tal vez es solo verde y el musgo real, como una decoración, o tal vez es pobre, tan pobre e ignorante que no sabe limpiar una alfombra.
Observa el ventilador girar, tan lento como si fuera una calesita al revés y puede cerrar sus ojos e imaginar niños caer, porque fueron contra las reglas y no se sujetaron del caballo azul-gris. “Agarrate bien Tomás o te vas a hacer mierda contra el piso” puede escuchar el grito algo rasposo de una señora con vestimenta colorida, cabello desteñido y olor a cigarrillo. Y Tomás que no le hizo caso, cae junto a otros niños al vacío y luego a la pansa del pobre ignorante, rebotan como un trampolín, ruedan, van directo al colchón hasta llegar a la alfombra y se llenan de musgo. Otros, con mala suerte entran directo en el ombligo como tromba, enredados en el remolino de pelo negro sucio, sudor y se ahogan… y mueren.
Ellos no tuvieron tanta suerte.
“Caen niños del cielo” dijo, o tal vez solo eran arañas, hormigas o pulgas y quiso pensar que eran niños, porque era divertido. Imaginar una calesita al revés, ver caer personitas como monedas y jugar a quien va más lejos del pobre borracho ignorante que muere poco a poco. Abre sus ojos, y ve.
Caen niños de la calesita.

martes, 18 de septiembre de 2018

Naufragio

Último aliento que dediqué a tu nombre -sin mención del número exagerado de 
borradores hechos- … todo ciclo cierra para incitar nuevos comienzos.

Tsunami onírico embriagado de memorias,

 titilante resplandor de una reminiscencia fugaz y desopilante.

Recuerdo

tus ojos negros posando en aquel cuaderno

 papel

borrador.

                                  Escritos prometedores

                                                                       de arduos sentires,

                                                                               estados e ideas...

V
    a
  i
         v
    e
          n
      e
           s 
                                        v
                                        e
                                        r
                                        t
                                        i
                                        c
                                        a
                                        l
                                         e
                                                                 s  y  horizontales

de margen                                                                                       a margen

que relataban una parcial verdad de todo lo que en tu mente circundaba.


Recuerdo
aquel locuaz recitar sonoro
Y la impasible ligereza del timbre de tu voz.
El énfasis  entonando cada puntuación
y   el aliento fugitivo,
entre largas pausas.

Recuerdo
la cándida lumbre lunar
posada en la ventana,
El fogón a leña con su chispear;
música de fondo
decorando un ambiente sobrecogedor y armónico.
Espacio poco distante entre dos.

Arrepentimiento 
                        de no haber dado un corte al aire: navaja punzante y letal.
Arrepentimiento
                         de no haber sellado nuestros labios; 
                                                    y barajar al destino con un as.
Arrepentimiento
                         de haber dejado escurrir el tiempo, el momento.
                                                                                      La no oportunidad.
Arrepentimiento
                         de haber precipitado los hechos
                                                                                 a priori.
                                                                                           Daño colateral.

Recuerdo.
Imparcial
 incompleto.

Recuerdo inexistente que poco concilié
fruto de la fantasía por el carecer del concreto,
material,
físico
anatómico
ser corpóreo
 objeto,del furtivo
 encuentro.

Sentada en aquella silla contemplando tus gestos,
tus orbes,
                                   y tu sonrisa llana.

 y recuerdo.
¿Que es aquello que recuerdo?   si, a vos.

Absorta atención hacia el cuaderno. 
El cuaderno.


Recuerdo la luz que resplandecía de la fogata
¿recuerdo la fogata? 
                                                     fogata impresa en el recuerdo
de mis memorias..



de la basta impresión que tengo del resplandor que volvía nítidas las letras
del poema en tu cuaderno.

Poema que resplandecía  a luz de la fogata
Impresa  en mis recuerdos,
adherida,
     retrato de postal.


Arrepentimiento del carecer de olvido
de la remembranza espiralada 
que se jacta de lo 'no vivido'
lo inventado
lo negado
lo prohibido

de lo casi,
parcialmente acontecido
que nos remonta en donde todo

inicia.



Lucia Galluccio